Alomar Gimeno, Xavier - 4º ESO/ "Mi historia de terror"

Xavier Alomar Gimeno, 4º ESO A     

 

   Vosotros, los que leéis, aún estáis entre los vivos, pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Las líneas que vas a leer a continuación no son más que una mera despedida, y la narración de por qué me veo enterrado a varios metros bajo tierra. Seguramente muchos no crean mi historia, pues es sabido por todos que los muertos no pueden hablar, ni mucho menos escribir, o eso pensaba yo también. 

   Siempre había querido vivir en un castillo, y lo más parecido que había visto a un castillo, era la mansión del abuelo de un amigo mío. Por eso, cuando ese hombre marchó de viaje, y viendo que dejó su mansión en alquiler, no pude evitar insistirle a mis padres para ir a pasar un fin de semana en esa majestuosa casa. Era una casa enorme, pero vieja. Tenía unas escaleras de madera llenas de grietas y agujeros. Cuando andaba por esas escaleras, se oía un fuerte ruido que durante la noche causaba terror. Aunque poco imaginábamos, mis padres y yo, que esas escaleras no eran la única cosa aterradora de esa casa. 

   La primera –y única– noche que pasamos allí estaba medio acostado en la cama, leyendo. Me instalé en una habitación enorme y oscura, pues sólo tenía una pequeña lámpara al lado de la cama, encima de un viejo comodín. Estaba leyendo una novela que nos habían indicado en el colegio, cuando de repente oí un ruido, parecía de la escalera. Mis padres dormían en una habitación en el piso de arriba, como yo, y bajando las escaleras sólo había una sala de estar, y la puerta de entrada a la casa, por lo que consideré extraño que mis padres subieran –o bajaran– las escaleras a esas horas.  

   La novela era muy interesante, pero no podía concentrarme, pues tenía los ojos clavados en la puerta de la habitación, apenas iluminada por la lámpara del comodín. El pomo, de color dorado, como casi todas las piezas de metal de esa casa, empezó a moverse. Justo entonces, la luz de la lámpara que me permitía leer, se apagó. Entraba un poco de luz por la ventana que daba a la calle.  

   Casi sin ver nada, me abalancé contra la puerta, intentando sostenerla con todas mis fuerzas, pero se abrió de golpe y me hizo caer por el suelo. Alguien había entrado en la habitación, y por el olor que desprendía, enseguida supe que no se trataba de ninguno de mis padres. 

   Enloquecido por el miedo que tenía, no se me ocurrió nada más que lanzarme encima de la criatura. Parecía el cadáver de un hombre. Lo cogí con todas mis fuerzas. Tenía el cuerpo fangoso y repugnante, y una fuerza descomunal. No pude aguantar más, y me lanzó por la ventana de la habitación. Desde el jardín pude ver su silueta durante unos instantes. Pensé en avisar a mis padres, pero para entonces ya no estaba en vuestro mundo.

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