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  • 28.09.2015 13:43

    Recordaba... Clara Isaurralde

    Hola Tom… Bueno, ya sabes quién soy. Estarás cansado de oír mi voz

    constantemente en tu contestador… Yo también estoy cansada de hablar a
    través de un aparato, aunque más todavía de no obtener respuesta… Pero es
    que te echo de menos y no puedo evitarlo. Desde aquella noche no te he
    vuelto a ver y… puede que éste sea uno de mis últimos mensajes ya que me voy
    de aquí y no voy a volver. Tan sólo te pido una llamada de respuesta que me
    confirme que todo te va bien. Llámame, por favor. –El esperado pitido llegó
    indicando el final del mensaje.
    - Vaya, ¡la has calado hondo colega! ¿Qué le hiciste para que se quedara
    así?- preguntó Danny con ojos de admiración después de haber escuchado el
    mensaje.
    - Nada, sólo me divertí un poco… -respondió Tom incómodo.
    - Pues por lo que he escuchado, ella también se divirtió bastante –rió Danny
    buscando complicidad en los ojos de su amigo. Pero este frunció el ceño y le
    dirigió una mirada cruel- Oye tío, ¿qué diablos te pasa? Desapareces una
    semana sin avisar a nadie, y cuando vuelves el único dato que tenemos de tu
    escapada son decenas de mensajes en tu contestador. Si a todo esto le
    sumamos la sustitución de chistes por miradas perforadoras… puedo llegar a
    entender que escondes algo importante.
    - ¡Wow! ¿Y lo has descubierto tú sólo o te han ayudado tus vídeos de las
    aventuras del inspector Gadget?
    - Vamos Tom, soy tu amigo…
    - Lo sé.
    - ¿Entonces? Venga explícamelo, ya llevas dos meses así y…
    - ¡Es que no hay nada que explicar!
    - Está bien. Como tú quieras. –dijo Danny mientras se ponía su chaqueta-
    Pero no pretendas que luego todo el mundo confíe en ti. Buenas noches Tom
    –terminó cerrando la puerta y dejando a su amigo sólo en el sofá de aquel
    vacío piso.


    Tom dirigió una mirada triste a la puerta y después observó la pantalla de
    la tele, apagada, totalmente oscura, hasta que se perdió en ella. Pensaba,
    pensaba y pensaba, de hecho, eso era la único que había hecho durante el
    último par de meses… pensar; aunque, sobre todo, recordar… recordarla.


    Recordaba cada instante con ella, desde el primer día al último. Cada
    mirada, desde la primera tímida y cansada a la última, derrochadora de
    ilusión. Desde que la invitó a una copa hasta que la dejó, profundamente
    dormida entre un mar de sábanas blancas, sin decir adiós. Había sido un
    imbécil, sí… pero es que aquella chica tenía problemas, demasiados. Siendo
    así que cuando estaban juntos él se sentía como si ella le diera todo lo que
    tenía, como si viviese para él… por él. Y eso a Tom lo agobiaba, lo
    aterraba. Y aunque todo aquello se contrarrestaba cuando estaba a su lado y
    sentía esas mariposas revolotear en su estómago… la había abandonado.


    Tuvo que salir de su ensimismamiento en cuanto, tras el amenazador sonido de
    su voz indicando que podía dejar su mensaje, la escuchó de nuevo. Hablaba
    con dificultad y era evidente que estaba llorando, ya que eran más notables
    sus sollozos que lo que intentaba decir. No entendía nada de lo que decía.
    Estaba desesperada, destrozada, su voz sonaba más suplicante que nunca y Tom
    empezaba a sentirse como un monstruo. Le hizo falta escuchar la palabra
    clave que provocó que él cogiera el teléfono como si de ello dependiese su
    vida, “sálvame”:


    - … - y se condenó a sí mismo por no saber qué decir.
    - ¡¿Tom?! Por favor si estás ahí contéstame… ¡Eres lo último que me queda!
    He sufrido demasiado tiempo y… si no tengo ningún apoyo siento que voy a
    caer… – Tom no sabía que decir, ella lloraba desconsolada y parecía sentir
    que lo hubiese echado todo a perder.


    Él dejó el teléfono, descolgado, sin siquiera decirle que lo esperase, que
    estaba en camino de ir… a salvarla. Iba a ir a buscarla y todo se
    arreglaría. Volverían a irse de viaje, juntos. Ella afrontaría sus problemas
    y él la ayudaría a hacerlo, estaría a su lado, serían felices. Salió
    corriendo a la fría calle del mes de Febrero. No llevaba chaqueta, pero su
    empeño en reencontrarse con ella hizo que no sintiera ni un solo escalofrío.
    Corrió, mucho, hasta que sus pulmones parecieron a punto de explotar y tuvo
    que llamar a un taxi. Dio su dirección entre jadeos e ignoró al taxista
    cuando le preguntó si estaba bien. Lo estaría, en cuanto la volviese a ver.
    Parecía que el mundo se hubiese vuelto en su contra, que el tiempo se
    ralentizara y todos los semáforos se rieran de él tornándose de un burlón
    color rojo brillante. No lo podía soportar… Bajó del coche dejando al
    taxista reclamándole sus derechos y corrió de nuevo las pocas calles que le
    faltaban para verla.


    Cuando llegó a su puerta le sorprendió encontrarla abierta, pero no paró a
    buscar explicaciones. Entró y gritó su nombre, la llamó, pero no obtuvo
    respuesta. Subió las escaleras apresuradamente, con el corazón en la
    garganta y el estómago hecho un nudo. Se vio delante de la puerta de su
    habitación, y cuando fue abrirla se encontró con que estaba cerrada. El
    corazón le latía con tanta fuerza que creía que iba a desfallecer allí
    mismo, ante su puerta, a dos pasos de verla. Aporreó contra ella, se dejó
    todas sus fuerzas, lloró. Y cuando por fin consiguió echarla abajo… sintió
    morir todas las mariposas a la vez ante aquella imagen. Su cerebro se
    colapsó, se le nubló la vista y sus piernas se convirtieron en gelatina
    dejándolo caer, inconsciente, ante el amor que nunca más volvería a
    saborear.

  • 28.09.2015 13:34

    No hay mal que por bien no venga. Paula Díaz

    No hay mal que por bien no venga

     

    Era un día de primavera, el sol había salido más reluciente que nunca, desde fuera se escuchaba a los pájaros cantar.

     

    Aquella noche fue una de las primeras que pude echar ojo. Fui a la cocina y me hice un café con tostadas, después me fui al baño y me pegué una ducha. Aquel día no necesitaba darme prisa ya que era mi día libre y quería aprovecharlo al máximo. Decidí por ir a mirar un par de cosas, esa mañana no había mucho tráfico por la ciudad a si que no me costo llegar al centro. Justo cuando iba a aparcar noté un fuerte golpe que venía de la parte de atrás del coche, me quedé aturdida durante unos instantes, enseguida que el conductor del otro coche me dio vino a ver si necesitaba ayuda, yo estaba verdaderamente cabreada indudablemente él había tenido la culpa. Salí del coche enfurecida y fui a mirar la parte del coche que se había llevado el golpe, estaba bastante afectada, él era un chico joven más o menos de mi misma edad debía de rondar los 22 años, no dejaba de pedirme disculpas, yo apenas lo escuchaba solo quería arreglar los papeles del seguro y irme a mi casa.

    El chico se presento, se llamaba Marc, la verdad es que parecía bastante arrepentido. Faltaban unos papeles de su coche que justamente tenía en su casa. Él sabía que yo estaba bastante enfadada así que no quería imaginarse como me podría al decirme que le faltaban esos papeles, entonces con mucha delicadeza me pregunto que que tal me iba el vernos por la tarde y tomar algo que el invitaba y así me daba los papeles que faltaban. No me quedó más remedio que aceptar.

    Me fui a mi casa a comer, después de haber pasado aquella mañana desastrosa, de camino a casa fui analizado toda la situación me pare a pensar y había sido un accidente tampoco tenía porque ponerme así. Marc era bastante guapo, alto, moreno con unos ojos grandes y de color verdes, después de como me había comportado con él se porto bastante bien al invitarme a tomar algo. Después de comer fui al armario, no sabía que ponerme ¿Estaba nerviosa? No podía ser, cogí uno de mis conjuntos favoritos y me fui a arreglar. Ya estaba lista y aun quedaban dos horas para verle ¿ como podía ser, de donde habían salido estas ganas de volver a ver?

    Después de estar esperando, llegó la hora y fui hacia el lugar donde habíamos quedado. Llegue y hay estaba sentado, enseguida que me vio se levanto y me invito a sentarme. Después de algunas horas de charlas y risas me olvide por un instante de todo lo que había pasado, hasta me olvide de pedirle aquellos papeles. Aquella noche me invito a cenar, y se podría decir que fue una de las mejores noches de mi vida.

    Porque como dicen “No hay mal que por bien no venga”.

    Aquella noche fue una de las primeras que pude echar ojo. Fui a la cocina y me hice un café con tostadas, después me fui al baño y me pegué una ducha. Aquel día no necesitaba darme prisa ya que era mi día libre y quería aprovecharlo al máximo. Decidí por ir a mirar un par de cosas, esa mañana no había mucho tráfico por la ciudad a si que no me costo llegar al centro. Justo cuando iba a aparcar noté un fuerte golpe que venía de la parte de atrás del coche, me quedé aturdida durante unos instantes, enseguida que el conductor del otro coche me dio vino a ver si necesitaba ayuda, yo estaba verdaderamente cabreada indudablemente él había tenido la culpa. Salí del coche enfurecida y fui a mirar la parte del coche que se había llevado el golpe, estaba bastante afectada, él era un chico joven más o menos de mi misma edad debía de rondar los 22 años, no dejaba de pedirme disculpas, yo apenas lo escuchaba solo quería arreglar los papeles del seguro y irme a mi casa.

    El chico se presento, se llamaba Marc, la verdad es que parecía bastante arrepentido. Faltaban unos papeles de su coche que justamente tenía en su casa. Él sabía que yo estaba bastante enfadada así que no quería imaginarse como me podría al decirme que le faltaban esos papeles, entonces con mucha delicadeza me pregunto que que tal me iba el vernos por la tarde y tomar algo que el invitaba y así me daba los papeles que faltaban. No me quedó más remedio que aceptar.

    Me fui a mi casa a comer, después de haber pasado aquella mañana desastrosa, de camino a casa fui analizado toda la situación me pare a pensar y había sido un accidente tampoco tenía porque ponerme así. Marc era bastante guapo, alto, moreno con unos ojos grandes y de color verdes, después de como me había comportado con él se porto bastante bien al invitarme a tomar algo. Después de comer fui al armario, no sabía que ponerme ¿Estaba nerviosa? No podía ser, cogí uno de mis conjuntos favoritos y me fui a arreglar. Ya estaba lista y aun quedaban dos horas para verle ¿ como podía ser, de donde habían salido estas ganas de volver a ver?

    Después de estar esperando, llegó la hora y fui hacia el lugar donde habíamos quedado. Llegue y hay estaba sentado, enseguida que me vio se levanto y me invito a sentarme. Después de algunas horas de charlas y risas me olvide por un instante de todo lo que había pasado, hasta me olvide de pedirle aquellos papeles. Aquella noche me invito a cenar, y se podría decir que fue una de las mejores noches de mi vida.

    Porque como dicen “No hay mal que por bien no venga”.


     

  • 28.09.2015 13:30

    Estruendo al anochecer". Paula Hernández

     

    Un día mis padres se fueron a cenar para celebrar su aniverario y yo me quedé en casa con mi hermana. Para entretenernos, nos pusimos a ver la televisión. Sobre las 10:30 empezamos a oír grandes estruendos en el desván. Al principio pensamos que había sido la rama del árbol del jardín pero no paraban de sonar así que subimos al desván. Aunque tuvieramos miedo queríamos estar tranquilas y finalmente llegamos. Nada más entrar el ruido desapareció. Nos quedamos esperando unos minutos y volvió. Seguimos el ruido que nos llevó a una caja polvorienta y vieja. La abrimos y entonces... nos saltó algo a la cabeza y perdimos el conocimiento. Al recuperarlo, miré el reloj y ví que había pasado una hora y que eran las 11:30.
    Volvimos abajo y no lo volvimos a escuchar. Cuando llegaron nuestros padres nos callamos y no contamos nunca a nadie aquel suceso tan extraño que nunca llegamos a resolver

     

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    Nit Literària 2016

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    LLiurats els premis del III certamen literari de les cooperatives d’ensenyament

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